Alhajas de la Edad media
Durante la Edad Media, las caravanas comerciales provenientes de Oriente,
traían a Europa piedras preciosas y semipreciosas, tanto para su uso en la
joyería de reyes y nobles como para la joyería eclesiástica.
Una técnica importante de la joyería medieval fue la colocación de finas
capas de granate en los alvéolos realizados en el oro o la plata, por
ejemplo, en hebillas y broches o como en una joya única: la corona incrustada
con granates y cabujones del rey visigodo Recesvinto.
A partir del siglo XI, se impone un nuevo tipo de alhaja: el
broche, en general de forma circular, que fue una de las joyas más
utilizadas.
En Francia no se permitió (por ley) a los ciudadanos, usar fajas o
guirnaldas hechas de perlas, de piedras preciosas, de oro o de plata, otras
leyes similares existieron en Inglaterra, esto retrasó el avance de la
joyería de la época.
En los siglos de la edad media Europea, las joyas eran usadas
exclusivamente por los ricos comerciantes, caballeros nobles, los religiosos,
miembros de la familia real y los nobles, por lo que la joya era un
privilegio fundamentalmente de la aristocracia.
En estos tiempos la joya representaba el poder, la autoridad y durante
mucho tiempo alternó este símbolo con el poder de curar enfermedades o de
realizar hechizos, mucho después las piedras preciosas se utilizaron como
regalo para simbolizar el amor cortesano.
|