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Los griegos comenzaron a usar el oro y las gemas hacia el 1.400 antes
de Cristo y en el 300 antes de Cristo ya dominaban una avanzada
tecnología de piedras preciosas como la amatista, las perlas y las
esmeraldas, incluso su talla y el grabado.
Del anterior arte Minoico conservaron las tallas de marfil, que fueron
joyas muy populares de este período.
Los griegos fueron los primeros crear una nueva joya: el camafeo,
que fabricaban con una piedra de ágata procedente de la India llamada
Sardónice.
Otro ornamento muy utilizado fue la guirnalda de laurel que se usaba como
corona de honor para campeones olímpicos, los héroes y sabios, y que estaba
consagrada a Apolo, dios del intelecto y de la luz.
Las guirnaldas de oro se usaban como coronas adornadas con hojas, flores,
bellotas, el dios Eros y Victorias aladas.
Entre la joyeria griega destacan los anillos con sellos biselados y otras
piedras preciosas y semipreciosas.
En el periodo helenístico, del 330 al 27 Antes de Cristo, que comienza con
las conquistas de Alejandro, las relaciones comerciales con Oriente y Egipto,
trajeron profundos cambios en el gusto y el estilo en la arquitectura, el
modo de vestir, en las moda de las joyas y en las técnicas de joyería.
Se introdujeron nuevos tipos de joyas, y aumentó el uso del oro, de las
piedras preciosas y semipreciosas, tales como la amatista, calcedonia,
cornalina, granate, y cristal de la roca.
Los griegos, que no eran buenos diseñadores de joyas, se inspiraban en
los modelos de alhajas egipcias y asirias, que les vendían los mercaderes
fenicios.
Se utilizaron colgantes con forma de ánforas, cupidos, palomas, etc., pero
la innovación más importante en joyería, consistió en incorporar a las
alhajas de collares, grandes piedras preciosas de color, especialmente
granates.
Las mujeres de Grecia llevaban distintos diseños de joyas de brazaletes y
diademas de oro y piedras preciosas y semipreciosas.
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